
Se les llama "alimentos funcionales" a aquellos alimentos que son elaborados no sólo por sus características nutricionales sino también para cumplir una función específica, como puede ser el mejorar la salud y reducir el riesgo de contraer enfermedades. Para ello se les agregan componentes biológicamente activos, como minerales, vitaminas, ácidos grasos, fibra alimenticia o antioxidantes, etc. A esta operación de añadir nutrientes exógenos se le denomina también fortificación.
El problema de estos ingredientes adicionales es que son productos que a veces tienen un sabor desagradable para el consumidor o son demasiado sensibles a la luz, el aire o los cambios de temperatura, de manera que acaban degradándose o perdiendo sus propiedades. Una opción para proteger a estos compuestos es la encapsulación. Se crean cápsulas con el principio activo en su interior, que se añaden a los alimentos. Cuando una persona los ingiere, la cápsula se degrada y el principio activo cumple su función en el organismo.
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El problema de estos ingredientes adicionales es que son productos que a veces tienen un sabor desagradable para el consumidor o son demasiado sensibles a la luz, el aire o los cambios de temperatura, de manera que acaban degradándose o perdiendo sus propiedades. Una opción para proteger a estos compuestos es la encapsulación. Se crean cápsulas con el principio activo en su interior, que se añaden a los alimentos. Cuando una persona los ingiere, la cápsula se degrada y el principio activo cumple su función en el organismo.
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